Memorias de escritura: "sé amable contigo misme"

 Entre lo anodino, entre las emociones del día a día que se esconden tras los pétalos de una amapola en la rivera de un río, entre los eclipses de noticas donde se cobija la vida te encuentras a personas que con unas palabras pudieron crear una invisible constelación que llenará de luz iridiscente todo lo que crees.

Si echo la vista atrás, puedo acordarme de las personas que han tocado mi escritura con consejos, palabras de ánimo o stickers llenos de emociones. Sé quién hizo que en mi edad adulta volviera a escribir ficción, pero no recordaba unas sencillas palabras que un amigo, al que quise mucho y que esa misma edad adulta avocó que perdiéramos el contacto, me dijo una vez. Es curioso como otra amiga, actual, tangible, ocasionó con un simple aleteo de mariposa que recordase esa cita que se había incrustado en lo más hondo de mi creatividad (aunque antes ya lo había logrado en mi tuétano):

"sé amable contigo misme"

¿Sabes? No me había planteado escribir nunca con el propósito de esas letras de curiosa formación condicionase el mensaje que se esconde en un subtexto ya enrevesado de por sí de mi escritura. Unos sintagmas que vibraron hasta convertirse en emoción que se reparte como el polvo de hada de Campanilla sobre unes lectores perdides.

¿Demasiado ego para un Peter Pan que nunca supo que se había perdido en ese Nunca Jamás? Quizá. Tal vez. Quién sabe.

El eco se sigue repitiendo con la vibración de las teclas del ordenar, tras la pulsión arrítmica del boli que hipa.  Esa es la magia. Nunca fueron las musas, ni la creatividad. Solo una pulsión que naíf tras una literatura que arrastra temas tirantes, obsesiones desgarbadas, escudos sin filtros, miedos insolentes, pérdidas tatuadas, felicidades en retazos, sueños indelebles.

recuerdos.

reCuerdos

(re)cuerd(os)

                        REcuerdoS

                                                                                recuerDOS

Dos asunciones que convergieron para descubrir que tras la incompetencia de la visión ambiciosa de une escritore tan solo cuatro son las palabras que ronronean cobijadas por mantas de suspiros onínicos que fingen ser ambiciones de pato mareado.

Y sin embargo

                            , es inevitable el mordisco amargo de una realidad ausente.

Nunca vas a saber esto. Y parece ilógico, irrisorio, una broma de mal gusto que, con casi la mayor de las certezas, si nos contactáramos, seríamos desconocidos.

¿Te cuerdas?

Fue una vez...


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